Saturday, December 26, 2009

Lo cursi, lo hermoso, lo inolvidable


Me estaba preguntando cuántas navidades en la categoría de “inolvidables” podía contar en mi historia personal –cuando tenía doce y un chico me llamó por teléfono justo a la medianoche; cuando me separé y la tristeza me hacía sentir especial y era una “primera” navidad sola, yo era, sin duda, la musa inspiradora de Los bukis; cuando fabriqué un árbol sicodélico de madera para mis hijos, podía contra todo, incluso contra el tedio y las persistentes costumbres-, en fin, unas inolvidables diez navidades, todo un tesoro.

Estaba en esa nostálgica autocomplacencia, digo, cuando leí en el blog de Juan Terranova este hermoso poema de su autoría, que he decidido “pastear” por completo como un pequeño obsequio para el generoso lector que visita mi darky park.

Navidad en el desierto

La navidad de 1999 la pasé con mi hermano.
Y él invitó unos hippies a casa
que se robaron mi ejemplar de Rastros de Carmín.
Yo tenía una novia en el desierto, viviendo en un kibutz.
Esperé que me llamara para contarme
Que me había dedicado una plegaria
durante su visita al Muro de los Lamentos.
Pero en cambio me dijo
que se había acostado con un árabe.
En Buenos Aires la térmica era de treinta y tres grados.

¿Fin de año te pone melancólico?
¿Te gusta fingir soledad y desesperación?
La nochebuena del 2005 conocí a un pibe en una fiesta
Que una amiga hacía en Congreso, después de las doce.
El pibe tenía una remera de Marilyn Mason.
Me dijo que era enfermero en el Ramos Mejía.
La música más triste la había escuchado hacía un año
Cuando los celulares de los chicos muertos en Cromañón
empezaron a sonar en la morgue del hospital.

A fines del 2006 me fui a vivir a Madrid.
Ahí la Navidad se festeja
Con los mozos cocainómanos de la Plaza Real
Que hablan de Franco y de los toros.
Un 24 a la tarde, en un bar de Lavapiés,
un entrerriano perdido me contó
Que una vez su padre le había regalado
Un yacaré de treinta centímetros.
Lo tuvo en la bañera hasta que se cansó.
Los ojos del animal eran dos perlas negras.
La madre trabajaba en un geriátrico de Concordia
Y todos los 25 al mediodía
mientras almorzaban abajo de la parra,
eran siempre las mismas fotos
de los viejos en sillas de ruedas.

En el 2008 volví a Buenos Aires para las fiestas.
Disfruté no tener que trabajar y toda esa semana
Llegaba de la calle o del bar,
prendía el aire acondicionado
y sentía el frío en la cara,
tirado como un lobo de mar
en una playa desierta.

La mejor navidad de mi vida
Tuve sexo casual con una chica
Disfrazada de Papa Noel.
Pelo lacio y oscuro, me gustaron sus labios.
Cuando nos despedimos me dijo
“Feliz Navidad, Johnny boy ”.
Todavía tenía puesto el pijama de seda rojo
Y usaba unos anteojos de sol espejados.


Publicado por Terra en http://elconejodelasuerte.blogspot.com

2 comments:

  1. Hija mía,

    Te espero el miércoles en Ateneo para que nos tomemos un vinito.

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